El impacto en la familia

El Alzheimer es una de las enfermedades más desgastantes que pueda haber, pues destruye no solamente a la persona que la padece, sino también a la familia que sufre las consecuencias.

El atender a un enfermo que no comprende las cosas y que al mismo tiempo no sepamos nosotros mismos comprenderlos hace que nuestra vida cambie por completo. Las personas no nos entienden, la familia se aleja por no aceptar la situación; creen que todo eso que decimos que nos pasa, son puros inventos nuestros, que la persona está bien, que son cosas de la edad, que no nos preocupemos. Pero la realidad es otra.

Conviviendo con el Alzheimer

Quienes vivimos la situación de estar al cuidado de un enfermo de Alzheimer, sabemos lo difícil que es enfrentar día con día nuevas situaciones, la mayoría de las veces desesperantes, que llega un momento en que todo se nos nubla, todo se nos viene abajo. Luego, pedimos ayuda y ésta no nos llega. ¡La gente no nos comprende, no vive las 24 horas del día con el enfermo! Y nosotros, como familiares y cuidadores, más solos nos sentimos.

Son muchos los problemas que se atraviesan, son muchos los problemas que enfrentamos. Sentimos miedo, coraje, angustia, desesperación, soledad. Sentimos tantas cosas que llega un momento en que se explota o simplemente uno es el que se viene abajo sin poder continuar ayudando a nuestro ser querido.

Y es que, como sabrás, tener un familiar con Alzheimer es duro. Tú y yo lo hemos pasado, lo hemos visto, pues es bien difícil enfrentarse a una situación como ésta y peor aún cuando ésta, la enfermedad, destruye prácticamente a toda la familia. Desafortunadamente, no hay por el momento cura alguna. Las investigaciones prosiguen, pero aún falta mucho por hacer.

Una enfermedad francamente desgastante

El Alzheimer es una enfermedad francamente desgastante, pues no solamente es el enfermo quien la padece, sino la propia familia quien la sufre. Uno quisiera que el enfermo nos comprendiera y nos dirigimos a él de una manera lógica, como si nos fuera a entender. No nos damos cuenta que, por desgracia, su cerebro se ha ido destruyendo, que él no tiene la culpa de lo que le pasa y que sus conductas -muchas veces- agresivas son producto de su propia enfermedad.

Hablarle despacio, viéndole a los ojos, tomándole de la mano, queriéndole, mimándole y respetándole ayuda mucho en estos casos. Es obvio que uno se desespere cuando ellos no comprenden, se ponen inquietos, repiten y repiten la misma pregunta, se quieren ir de la casa, desconocen a la gente, etc. Pero así es la vida y debemos aceptar las cosas tal como son. Y si bien la enfermedad es terrible y el proceso que vive la familia, especialmente el cuidador principal, es tremendo, también debemos aprender a ver lo positivo; pues quienes hemos tenido la experiencia de haber vivido todo esto, también sabemos que nos ayuda a valorar la vida, saber lo que somos y el importante rol que jugamos en el cuidado del enfermo.

Debes aceptar la enfermedad y que nuestro ser querido ya no es el mismo, requiere de nuestro AMOR, PACIENCIA Y FORTALEZA.

Es importante platicar con hijos, nietos y demás familiares para que comprendan que aunque el paciente no puede demostrar el cariño como antes, los sigue queriendo.

“Si el cuidador principal actúa con amor y toma el reto positivamente, los demás familiares tomaran la misma actitud.

Únete a los grupos de Apoyo, donde encontraras el apoyo, consejo y la información necesaria para enfrentar esta difícil enfermedad.

En la sección de “Grupos de Apoyo” encontraras toda la información necesaria.