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Factores de riesgo

Cuestionarse qué tan probable pudiera uno contraer la enfermedad de Alzheimer es una pregunta común. Hasta ahora, los investigadores sugieren que hay varios factores de riesgo, entre los que destacan: el sexo, la edad, la herencia y los traumatismos craneales.

Esto significa que de acuerdo a estas variables, algunas personas tienen más probabilidad de padecer la enfermedad que otras. Sin embargo, hay que aclarar, que es improbable que la enfermedad pudiera atribuirse a una sola causa. Se dice, más bien, que hay una serie de factores que favorecen su desarrollo y que la importancia de algunos de estos factores difiere de una persona a otra.

Edad

La edad es el factor de riesgo más importante. Esto es, a mayor edad, mayor es el riesgo de padecer Alzheimer.

Se estima que una de cada 10 personas de más de 65 años de edad, y casi la mitad de los mayores de 85 padecen el mal de Alzheimer, y un pequeño porcentaje de adultos entre 30 años y 40 años también la desarrolla. Sin embargo, es importante notar que aunque las personas mayores suelen perder la memoria con el paso del tiempo, la inmensa mayoría de las personas de más de 80 años están mentalmente sanas.

Esto significa que aunque la probabilidad de padecer la enfermedad de Alzheimer aumenta con la edad, la vejez en sí no es la causa de la enfermedad. Sin embargo, estudios recientes sugieren que los problemas relacionados con la edad, como la arteriosclerosis, pueden ser factores de importancia. Además, ahora la población es más longeva; esto es, vive mucho más que antes, por lo cual el número de personas afectadas por la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia casi seguramente aumentará.

Los datos que se tienen refieren que entre el 60 y el 70% de los casos de Alzheimer son de inicio tardío, y que estos aumentan a medida que la gente sobrepasa los 65 años. El 20 o 30% de los casos tiene una edad inferior; y un 10% aproximado de ellos, se presentan entre los 50 a 59 años.

Y, aunque es muy rara la aparición de la enfermedad de Alzheimer en personas menores a los 50 años, sí se dan casos, pero muy pocos. Tal vez de un 2 a 3%.

Sexo

La mayoría de los estudios indican que las mujeres tienen más predisposición a padecer la enfermedad de Alzheimer que los hombres. Sin embargo, esta afirmación puede llevar a confusiones ya que por lo general, en su conjunto, las mujeres viven más tiempo que los hombres. Por lo tanto, si las mujeres viven más tiempo que los hombres, es obvio que habrá un mayor número de personas de sexo femenino que pudiera desarrollar la enfermedad.

Factores genéticos o hereditarios

La existencia de antecedentes familiares es otro de los factores de riesgo. Se sabe que una de las preocupaciones fundamentales de las familias con personas aquejadas por la enfermedad de Alzheimer es saber si ésta es hereditaria o no. Hasta donde se sabe, el riesgo de padecer Alzheimer se duplica en aquellas personas que tienen un familiar directo afectado por esta enfermedad, pero no necesariamente quiere decir que lo padecerá.

En un número muy limitado de familias, la enfermedad de Alzheimer es un desorden genético dominante. Los miembros de estas familias heredan de uno de sus padres la parte de ADN (el material genético) que causa la enfermedad. En promedio, la mitad de los hijos de un padre afectado desarrollan la enfermedad.

Por otro lado, aunque cada vez hay más evidencias de que se trata de una enfermedad de origen multifactorial, cada vez se está insistiendo más en que pudiera haber un componente de tipo genético. Los investigadores han encontrado hasta el momento que algunos genes que de un modo u otro son los causantes de la enfermedad. Estos genes encuentran localizados en los cromosomas 1, 12, 14, 19 y 21.

Para los miembros de las familias que desarrollan la enfermedad de Alzheimer, la edad de aparición suele ser relativamente baja, normalmente entre los 35 y los 60. La aparición es bastante constante en el ámbito familiar. En este sentido, se ha descubierto una relación entre el cromosoma 21 y la enfermedad de Alzheimer.

Ya que el síndrome de Down es causado por una anomalía en este cromosoma, si llegan a la edad madura, muchos niños con el Síndrome de Down desarrollarán la enfermedad de Alzheimer, aunque puedan no presentar todos los síntomas.

Traumatismo craneal

Hay evidencias para pensar que una persona que ha recibido un fuerte golpe en la cabeza puede tener más probabilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Este riesgo es más alto si en el momento de sufrir la lesión, la persona tiene más de 50 años, si tiene un gen específico (apoE4) y si inmediatamente después del accidente ha perdido el conocimiento.

Otros factores

No hay ninguna evidencia concluyente que sugiera que cualquier grupo particular de personas tenga mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Raza, profesión, nacionalidad y posición socioeconómica no son factores determinantes para la enfermedad. Sin embargo, algunos de los últimos apuntan que las personas con un nivel de educación más alto tienen menor riesgo que aquellas con un nivel de educación más bajo.

Las 10 señales de alarma

La enfermedad de Alzheimer no es sólo una pérdida de memoria; es también una serie de síntomas en que la gente con la enfermedad de Alzheimer experimenta un deterioro en sus capacidades cognoscitivas, tales como el pensamiento y entendimiento, así como cambios en el comportamiento.

A fin de ayudarle a determinar si su ser querido tiene alguno de estos síntomas, la Asociación Alzheimer de los Estados Unidos ha desarrollado una lista de “señales de alarma” que incluye una serie de síntomas comunes que se presentan en la enfermedad de Alzheimer (y que también pueden aplicarse a otras demencias). La Asociación Alzheimer de Monterrey, ha adaptado esta lista para ayudar a la gente a identificar estos problemas

Si usted nota o ha notado algunos o varios de estos síntomas en usted o en su ser querido, es muy conveniente que vaya a ver un médico a fin de que le practique un examen completo y determinar si se trata de Alzheimer.

Si el diagnóstico es positivo, recuerde que es muy importante estar bien informado. Para ello, contacte a su asociación más cercana, donde le brindarán la información disponible que usted necesite.

Las 10 señales de alarma

1. Pérdida de memoria

Es muy común olvidar nombres de compañeros, números telefónicos, acudir a una cita importante y recordarse de ello más tarde. Pero en quienes padecen Alzheimer, pueden tornarse más frecuentes, olvidar más cosas y nunca más volver a acordarse de ellas

2. Dificultad para llevar a cabo tareas simples, comunes o familiares

La gente ocupada, puede ser que se distraiga de vez en cuando y olvidar algún platillo que está preparando en la cocina, haber dejado algo en la estufa o no haber servido algún platillo. La persona con Alzheimer, no sólo olvidará haber servido la comida, sino haberla hecho o preparado.

3. Problemas de lenguaje

Todo mundo tiene en ocasiones problemas para encontrar la palabra correcta o adecuada, pero una persona con Alzheimer, no sólo olvida palabras sumamente sencillas, sino que además las substituye haciendo sus frases o lenguaje, la mayoría de las veces, incomprensible.

4. Desorientación en el tiempo y el espacio

Es muy normal el olvidar el día o la fecha en la que estamos o de pronto olvidar a dónde vamos o qué vamos a comprar ya estando en la tienda; pero la persona con Alzheimer puede fácilmente perderse en su propia calle, su propia colonia, no saber dónde está, ni cómo llegó ahí, ni tampoco cómo regresar a su casa.

5. Pobreza o disminución de juicio

No llevar u olvidar el suéter, la chamarra o un abrigo en una noche fría es algo muy común que sucede a mucha gente; sin embargo, una persona con Alzheimer, no sólo olvidará por completo lo anterior, sino que además, podrá vestir de manera inapropiada, no sabiendo cómo ponerse la camisa, falda, blusa o el pantalón; vestir varias prendas una sobre la otra, ir en bata a la tienda, ponerse suéter cuando hace mucho calor, entre otras cosas.

6. Problemas de pensamiento abstracto

Llevar un buen balance en el estado de cuenta de una chequera a veces es más complicado de lo que parece; pero una persona con Alzheimer ni siquiera puede hacer operaciones sencillas como sumas o restas, llenar los espacios correspondientes en un cheque o ficha de depósito, indicar su número de cuenta o nombre.

7. Colocar objetos en lugares que no corresponden

Cualquiera puede de repente colocar las llaves o la billetera en un sitio que no corresponde. La persona con Alzheimer no sólo hace esto, sino que además coloca o guarda los objetos en los sitios más inimaginables posibles, como el poner la plancha en el refrigerador, un reloj en la azucarera, la billetera debajo del colchón o el cepillo de dientes en un zapato, y luego no saber dónde los dejó.

8. Cambios en el estado de ánimo o de conducta

Todo mundo experimente cambios de conducta, enojarse, reírse, ponerse triste; pero en una persona con Alzheimer, sus cambios van de un lado a otro, pasando de la risa al llanto, del llanto al enojo, del enojo a la risa.

9. Cambios en la personalidad

La personalidad de la gente cambia, por lo común, con la edad; en tanto, la personalidad de una persona con Alzheimer cambia drásticamente volviéndose enojón, suspicaz o miedoso.

10. Pérdida de iniciativa

Es normal que uno se sienta cansado o agotado por el trabajo, las fiestas o las actividades o compromisos sociales y que luego uno quiera descansar. Pero la persona con Alzheimer simplemente ya no le interesa nada, se vuelve sumamente pasivo, requiriendo ser, más que motivado, casi empujado a salir o hacer algo.

Las 3 etapas de la enfermedad

El curso de la enfermedad de Alzheimer varía de una persona a otra. Hablar de una clasificación en etapas es solamente con el fin de ubicarnos un poco más en cuanto al desarrollo de la misma, dar una mejor calidad de vida y poder adelantarnos a aquello que va a suceder.

En realidad no hay un orden ni tiempo preciso sobre qué tanto dura cada una de las etapas, ni en qué preciso momento se pasa de una fase a otra. El tiempo de vida de las personas es también difícil de predecir, ya que esto depende de muchos factores, entre ellos el grado de deterioro que se tenga, así como del cuidado que se proporcione al enfermo.

Primera etapa

Esta primera etapa tiene una duración aproximada de 2 a 5 años y en ella se observa un paulatino deterioro en la memoria. La persona olvida eventos recientes, no importa que hayan pasado 10, 15 o 20 minutos antes.

En el paciente empieza a surgir una típica desorientación espacial, no reconociendo bien el lugar donde está. Así, es muy común que la persona no se recuerde cómo llegar a las tiendas que siempre ha frecuentado, saber dónde está el banco al que siempre ha ido, qué dirección tomar para ir a la iglesia a la que asiste todos los domingos, o bien, qué camino tomar para regresar y llegar de vuelta a casa. Otros ejemplos son el no recordar la fecha, ni el día ni el mes en el que vive, no saber la hora que es o creer que, aunque es de mañana, para él ya es de noche o viceversa.

Del mismo modo surgen otros detalles como son una disminución en la concentración y una fatiga cada vez más notoria. Se presentan cambios de humor y síntomas de depresión como apatía, pérdida de iniciativa y falta de interés. Junto a ello, a la persona se le comienza a notar inquieta, demostrando agitación y ansiedad. Estos últimos síntomas, son más frecuentes al atardecer o durante la noche, lo cual resulta desgastante para quienes cuidan de ellos. Y, aunque no se sabe con exactitud el porqué de esto, lo que sí puede ayudar a calmar al paciente y reducir dicha ansiedad son, en cierta forma, los medicamentos.

Por otra parte, el lenguaje, las habilidades motoras y la percepción son conservadas. El paciente es capaz de mantener una conversación, comprende bien y utiliza, en forma normal, los aspectos sociales de la comunicación, como los gestos, entonación, expresión y actitudes.

Segunda etapa

En esta segunda etapa, todos los aspectos de la memoria empiezan progresivamente a fallar. Este estadío tiene una duración aproximada de 2 a 10 años, durante el cual se producen importantes alteraciones de la función cerebral con aparición de síntomas más preocupantes o que llaman más la atención. Comienzan a surgir problemas de disfasia, apraxia y agnosia.

Por afasia se entiende dificultad en el lenguaje. Al paciente le cuesta trabajo hablar, batallando para expresarse y darse a entender. Dice unas palabras por otras, un “vaso” puede ser para él o ella una servilleta, o tal vez ese andar inquieto y preguntar por la puerta para poder salir significa “quiero ir al baño”.

La apraxia se refiere a las dificultades que presenta el paciente para llevar a cabo funciones aprendidas. La persona no puede ni sabe cómo vestirse, siendo muy común que se ponga dos o tres calcetines en un mismo pie, o tal vez trate de colocarse la camiseta arriba de la camisa. En el caso de las mujeres, sucede lo mismo, no entiende cómo colocarse las medias, ni la blusa y la falda se la puede poner al revés. Durante los alimentos, las personas con este mal, no saben utilizar los cubiertos, haciendo uso del tenedor, el cuchillo y la cuchara en forma indistinta.

La agnosia consiste en una pérdida de la capacidad para poder reconocer a las personas con las que convive. Y, aunque esta perdida no es total, pues de cierto modo aún reconoce ambientes familiares y conserva la orientación personal (sabe su nombre, edad, lugar de nacimiento), sus desaciertos son cada vez más frecuentes. Por otra parte, el paciente se torna descuidado en su higiene personal: ya no se arregla como antes, se le nota sucio y descuidado, les da por no quererse bañar o decir que ya lo hicieron, enojándose cuando se les recrimina.

Aparecen algunos rasgos de tipo psicótico. Imagina que ve gente que no existe, escucha ruidos que nadie oye o piensa y cree firmemente que alguien va a llegar por él. Empieza a preguntar por personas que ya murieron (su papá, su mamá, su hermano) y todas estas imágenes que pasan por su mente, realmente le inquietan. Asimismo, el embotamiento o represión de emociones, aunadas a una apatía cada vez mayor, empiezan a hacerse cada vez más evidentes.

La dependencia con respecto a un cuidador es cada vez mayor. Las aficiones que tenía, las actividades sociales, de ocio y de recreo pierden totalmente su valor, mostrándose aburrido, flojo, apático o somnoliento. Vagabundea, recorre la casa por todas partes, empieza a esculcar cajones, ordena la ropa o los papeles varias veces al día, su mirada cambia y sus ojos parecen ser dos faros que se mueven, muchas veces, en sentidos contrapuestos.

En esta etapa, resulta obvio que la capacidad para el pensamiento abstracto y la habilidad para llevar a cabo operaciones de cálculo desaparecen por completo. No pueden realizar las más sencillas operaciones, aunque sí, tal vez, recitar de memoria las tablas de multiplicar. Finalmente, en esta segunda fase puede apreciarse cierto grado de Parkinson, ya que es muy común ver movimientos bruscos de manos, brazos o pies, cuando la gente enferma está, por ejemplo, sentada y dormitando.

Tercera etapa

En esta tercera y última etapa, se presenta una amplia y marcada afectación de todas y cada una de las facultades intelectuales. Los síntomas cerebrales se agravan, acentuándose la rigidez muscular así como la resistencia al cambio postural. Pueden aparecer temblores y hasta crisis epilépticas.

El enfermo con Alzheimer no reconoce a sus familiares y llega el momento en que llega a desconocer su propio rostro en el espejo. La personalidad que siempre acompañó a la persona, desaparece por completo.

Los pacientes se muestran profundamente apáticos, perdiendo las capacidades automáticas adquiridas como la de lavarse, vestirse, andar o comer, y presentan una cierta pérdida de respuesta al dolor.

Más adelante, tienen incontinencia urinaria y fecal. En la mayoría de los casos, el paciente finaliza encamado, con alimentación asistida. Por lo común, los enfermos con Alzheimer suelen fallecer por neumonía, infección viral u otro tipo de complicación.

Jamás los olvidemos

Hoy por hoy no existe tratamiento eficaz para esta enfermedad, aunque sabemos que se llevan a cabo grandes esfuerzos para ello.

La ciencia avanza y estamos a la espera. Mientras tanto, revistámonos de paciencia y tomemos en cuenta que aún los tenemos a nuestro lado y que jamás debemos olvidarnos de ellos.

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