OLVIDAN TODO EXCEPTO LOS SENTIMIENTOS


El Salvador / El Salvador

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Sábado 29 de octubre de 2011

El Alzheimer es una enfermedad difícil, es una enfermedad dura, pero si uno conoce de la enfermedad y trata de entender al paciente y aprende cómo tratarlo, puede ser una enfermedad con la cual se puede convivir”, esa es la apreciación de Yolanda viuda de Vidales tras su propia experiencia de atender a su madre quien sufre desde hace 10 años esta enfermedad.

 Olvidan…

 “El Alzheimer es una enfermedad difícil, es una enfermedad dura, pero si uno conoce de la enfermedad y trata de entender al paciente y aprende cómo tratarlo, puede ser una enfermedad con la cual se puede convivir”, esa es la apreciación de Yolanda viuda de Vidales tras su propia experiencia de atender a su madre quien sufre desde hace 10 años esta enfermedad.

Cada enfermo de Alzheimer representa a toda una familia afectada. Mientras las facultades físicas y mentales del familiar deterioran progresivamente, el resto de la familia se enfrenta a una serie de preguntas, emociones, decisiones y cambios de vida que deberá de adquirir en función del paciente.

“Desde la primera fase que mi madre comenzó con olvidos que uno puede llamar ‘normales’, olvidos cómo no recordar dónde colocó las llaves. En mi caso, la verdad que yo me enfermé, habían veces que yo decía ¿quién es la enferma, será ella o soy yo?, porque ella me decía las cosas con tanta solidez, firmeza. Que no llegaba a diferenciar”, recuerda Yolanda, como los primeros síntomas de esta patología que empezaron a manifestarse en su madre.

Sin dudas, para Yolanda fue durísimo ver como un ser amado, la persona que fue un ejemplo para su vida y quien apreció tanto la vida, ahora está sumergida en esa “enfermedad del olvido”, que poco a poco ha ido aislándola, deteriorándola mentalmente de una manera inevitable e incontrolable cada vez más.

“Recuerdo que la primera persona que me dijo que mi madre tenía Alzheimer fue mi esposo, quien era médico, yo no lo creía. Pues me dijo: ‘Vamos a ver un médico para que te diga lo que yo te estoy diciendo’. La llevé a un médico, donde un neurólogo, y él me confirmó, después de una serie de exámenes que le hicieron a mi madre, que ella tenía Alzheimer. De ahí fue algo que me costó aceptarlo porque en la familia nunca se había presentado un caso de este tipo y dado que mi madre siempre ha vivido conmigo, entonces lógicamente era yo la que tenía que responder a este problema. Y de ahí fue que ya comenzamos día a día a tratar con los problemas que cada vez han venido siendo más graves”, expresó.

Poco a poco doña Julita de Voss, de 96 años, ha perdido consciencia de sus actos. Comenzando con sus olvidos leves como cerrar el grifo del agua, las llaves y lo que resultaría peor para Yolanda perderse entre la multitud, poniendo en peligro hasta cierto punto su vida. Pero quizás uno de los momentos más duros de concebir para Yolanda fue cuando su propia progenitora la llamó mamá.

“Ella (doña Julita) algunas veces tiene unas pequeñas luces y sabe quién soy yo, sabe que soy su hija, pero no recuerda mi nombre y eso es bien duro. Saber que la persona que me ha dado la vida en un momento a otro no me reconozca. Ella me dice mamá. La primera vez fue impaciente para mí que me dijera mamá. Ellos olvidan todo, lo único que no olvidan son los sentimientos”, señala.

Saber cómo tratar a su madre, saber qué dolor siente, comprenderla con delicadeza y paciencia, fue parte de lo que aprendió dentro de Asociación de familiares Alzheimer de El Salvador, donde actualmente ejerce como vicepresidenta.

Lo que en un inicio le pareció sólo una guía práctica para sobrellevar a este tipo de personas, el compartir la experiencia con otras personas que enfrentan las mismas dificultades, ha sido uno de los pilares fundamentales de la asociación.

“Si uno con las reacciones que ella tiene se pone a contradecirle, entonces no estamos haciendo nada. Todo eso a mí me lo enseñaron, porque yo al principio le decía: vaya mire ya está oscuro, ya es hora de dormir son las once de la noche. Hay que armarse de mucha paciencia, pero sobre todo, de mucho amor, porque con ellos uno ya no puedo razonar”, reflexiona.

Médicamente, doña Julita se encuentra en la fase terminal de la etapa dos, en la cual, se hace mucho más dependiente de los que tiene a su alrededor. Si bien es cierto que el Alzheimer en una enfermedad difícil de tratarla, no es imposible convivir, ni mucho menos atender a un paciente que la padece, una vez se tenga la orientación y preparación idónea en los lugares correspondientes. El apoyo al cuidador del enfermo también es muy importante.

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Olvidan todo excepto los sentimientos